viernes, 26 de abril de 2013

¡Poooobre Bobby!

"Entonces me pusieron miles de arañitas venenosísimas en la boca..." decía Martí de 4 años para describir las 35 puntadas que le dieron en la cirugía reconstructiva de boca, aquella vez que lo mordió un perro en Valle de Bravo.
Me conmueve cuando lo pienso. Mis pequeños de 4 y 5 años víctimas del terror cuando el perro del vecino de los abuelos atacó a Martí. Santiago, el mayor, corrió a avisarles lo sucedido a sus abuelos y mis pobres padres corrieron con el niño ensangrentado al hospital más cercano, un pequeño centro de salud, donde milagrosamente apareció un cirujano maxilo-facial. Transcurrieron las 3 horas de la cirugía con el Papá tomándole la mano y cantando las canciones con las que siempre los arrullábamos. Yo estaba en Metepec trabajando y totalmente ajena a la tragedia. Cuando finalmente recibí la llamada de Carlos, "no te asustes pero..." claro que ya era tarde, ya estaba asustada. Recuerdo que llamé inmediatamente a Isabel, su pediatra, para contarle lo sucedido, pedirle asesoría, también llamé a mi ginecóloga, ¿que chochitos le doy, cuáles me tomo yo (quería funcionar y estar disponible para lo que hiciera falta cuando llegaran), qué le doy a toda la familia? las horas de espera fueron largas, yo hacía llamadas, averiguaba con una amiga si el perro tenía vacunas, en fin, trataba de tener la cabeza "funcionando". Ahora mientras lo escribo revivo la angustia, el miedo, la sorpresa, ¿de verdad pasó esto? Y llegaron. Abracé a mi niño, que venía como en shock, ¿qué te pasó Martí? ¿me quieres contar? no, no quería, nomás quería ver "Monsters Inc" esa película infantil que trata de monstruos que no asustan y se vuelven amigos de una nena. Santiago venía dormido y no despertó hasta el día siguiente. Mis papás tristes, asustados, desencajados. Mi Carlos se dejó caer en mis brazos y por fin lloró y lloró, todas las lágrimas que tuvo que contener para sostener la mano de Martí, para darle tanta confianza, que en medio de esa cirugía se quedó completamente dormido y relajado. Y luego Martí pidió ver su escena favorita de Star Wars, una en la que su héroe, Anakin Skywalker, lucha contra los monstruos y los derrota. Y durante un mes miramos juntos esa escena una y otra vez y luego la actuábamos con sus muñecos y corríamos y jugábamos a las atrapadas. Mientras tanto Santiago regresaba cada día de la escuela con un dibujo que había pintado para Martí, en cada uno de esos dibujos el "Bobby" (así se llamaba el perro) moría, a veces por la erupción de un volcán, a veces en las garras de un animal más grande y feroz, como un T-rex. Era su manera de defender al hermano, como no pudo hacerlo en la realidad, puesto que él mismo era un niño pequeño.
Hoy el Dr. Daniel Siegel, a quien por supuesto sigo en facebook, publicó algo que me hizo recordar este evento, me tomaré la libertad de citarlo aquí:

Los padres saben que tan poderoso puede ser el contar cuentos cuando se trata de distraer a sus niños o calmarlos, pero lo que la mayor parte de la gente no concientiza es la ciencia que hay detrás de esta poderosa fuerza. El hemisferio derecho de nuestro cerebro procesa nuestras emociones y los recuerdos autobiográficos, pero el hemisferio izquierdo es el que logra armar un sentido de estas emociones y estos recuerdos. La sanación  de las experiencias difíciles surge cuando el hemisferio izquierdo trabaja en conexión con el derecho para contar las historias de nuestras vidas.
Cuando los niños aprenden a poner atención y a compartir sus propias historias ellos pueden responder en formas saludables a todo, desde un raspón en el codo hasta una pérdida mayor o un trauma.

En casa hablamos del incidente desde el primer día, recuerdo que como al tercer día fui sola a comer con Santiago y le pedí que me contara lo que había pasado, y después de escucharlo con atención le dije: ¡uy! que miedo ¿verdad? a mi habría dado mucho miedo eso, ¡que bueno que corriste con los abuelos! ¡qué bien que hiciste eso! sino te habría mordido a ti también, porque tú sólo eres un niño pequeño, lo que hiciste fue lo mejor y estoy muy feliz que el perro no te mordiera a ti también. Y en ese momento me brincó encima y se puso a llorar, lo que no había llorado y sentí como se aliviaba su culpa.
Unos cuantos meses atrás Ron Kurtz nos había dado una hermosa plática que se llamaba "Lo que los niños necesitan", y tenía muy presente lo que dijo, los niños necesitan un adulto calmado, presente que les den las explicaciones que ellos necesitan para entender. En otras palabras, es esto de lo que habla el Dr. Siegel, esta conexión entre hemisferios que nos ayuda a darle sentido a lo que sucede. Así que después era evidente como ellos a su vez, daban sentido a lo sucedido con su propia narrativa, haciendo dibujos, representando escenas o describiendo las puntadas como "miles de arañitas venenosísimas".
Y ninguno de mis niños tiene miedo a los perros. Cuando un par de años después, supimos que le habían dado muerte al perro porque había mordido a otro niño, el comentario de Martí fue: "Poooobre Bobby". 

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