Debo haber tenido unos diez años, cuando mi maestra de ballet, Carlota, nos contó una historia que me marcó para siempre. Carlota había bailado en el cuerpo de baile con la legendaria (ya desde entonces) Alicia Alonso, de hecho así se llamaba el salón de clases en el que entrenábamos. Así que la Alonso era así como una semidiosa de la danza. "Hubo una vez, un fuerte tornado en La Habana, el aire huracanado soplaba con fuerza, todos estaban escondidos en su refugio, pero Champagne, la perrita de Alicia había escapado y ella corrió a los jardines a rescatarla cuando por desgracia la rama de un árbol le golpeó en la cabeza. Sus retinas se desprendieron, tuvo que ser operada. Cuentan que en la cama del hospital, vendada de los ojos, sin saber si algún día podría volver a ver, ella pedía que le pusieran la música de Giselle y la bailaba con los dedos de su mano. Alicia perdió casi toda la vista. Pero nunca dejó de bailar, a pesar de su ceguera".
Yo, francamente no sé, si esta sea la verdadera historia de como Alicia Alonso quedo ciega. La verdad no me importa. El hecho es que esta historia me impactó y me sigue impactando, porque para mi es el mejor ejemplo de lo que ahora llamamos resiliencia.
El término de resiliencia se toma del ámbito de la metalurgia y la ingeniería civil que describe la capacidad de algunos materiales para recuperar su forma después de haber sido sometidos a altas presiones. De tal forma que, las personas resilientes son aquellas que logran resurgir, adaptarse, recuperarse de circunstancias o eventos difíciles, a veces traumáticos, de la vida. Se mantiene un espíritu de sobrevivencia, ó de preservación de la integridad frente a estas graves dificultades.
Creo que es una capacidad que tenemos que apreciar y cultivar. Es algo que necesitamos enseñar a nuestros niños.
Cuando daba clases de ballet, me gustaba hacerles ver tanto a las alumnas, como a sus padres, que la enseñanza más valiosa que podía darles el ballet era la conciencia de que había objetivos que podían llevarnos muchos años. Contrario a esta cultura de la inmediatez, donde se consigue la información con un click, la comida es rápida, las relaciones son desechables, la terapia es "breve", la "iluminación" es súbita... cuando estudias danza sabes que hay cosas que te va a llevar años lograr. Y aprendes a reponerte de un esguince, de una caída, de una mala función, de maestros que no te quieren, de maestros que si te quieren pero siempre te exigen, de audiciones en las que no quedaste.
Y la vida es así, pasan cosas muy buenas y pasan cosas muy malas. Saber que todo es impermanente, tanto lo bueno como lo malo, te hace saber que puedes continuar tu camino, que puedes re-inventarte en cualquier momento. Que una mala racha no es el fin del mundo.
A veces veo a los chavitos adolescentes tan apáticos, sin poder soñar, es muy triste. A veces añoro que los padres de hoy les "lean" menos el pensamiento a sus hijos, les nieguen de vez en cuando un permiso o un videojuego. Les den a sus hijos oportunidades de luchar por lo que quieren, de fracasar y levantarse. Sólo así se aprende que nada es permanente, nada es para siempre. Sólo así se aprende a ser resiliente.
Si les interesa este tema, pueden ampliarlo en este sitio: Manual de Identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes.

La inmediatez o su inmediata necesidad de ella es enemiga de la creación; no solo de la creación artística, sino de cualquier proceso creativo ya sea natural, artístico, científico, matemático, etc.
ResponderEliminarEn mis clases con niños pequeños - cuando se frustraban porque les pedía repetir algo o detenerse un tiempo para volver a crear- siempre les pedía que al llegar a casa le preguntaran a su mamá o a su papá cuánto tiempo se habían demorado en nacer. Era esa pregunta una tarea para la próxima clase.
Cuando nos volvíamos a encontrar, esa niña o ese niño contaba con mucho orgullo acerca de los 9, 8 o 7 meses que duró su gestación, de las horas de trabajo de parto o de cesárea...de la alegría que le trasmitieron sus padres al contarles este proceso...Entonces, yo tomaba de la mano a esa niña y a ese niño y lo ponía de frente al gran espejo que teníamos en la sala y le decía: "Mírate ahora...¿verdad que eres bella (o)?...tu madre tomó todo ese tiempo para crearte y han pasado ya casi 8 años desde que estás aquí y mira qué linda (o) vas quedando...Dale más tiempo a tu pintura, dale más tiempo a tu canción, dale más tiempo a tus deseos; crea y recrea, date tiempo de equivocarte y de volver a empezar, solo date y da tiempo a lo que quieres...