martes, 17 de septiembre de 2013

Sus ojos la llevaron al mar

Se llamaba Ganja. Fue un regalo de bodas. Nos la regalaron entre varios amigos. Era negra, su pelo brillaba como la noche. Era incansable, inteligente, graciosa. Una gran cazadora de tlacuaches y una gran buscadora de ramas gigantes en el lago de Valle de Bravo. Trepaba a los árboles de aguacate de mi casa y se escapaba al bosque, regresó preñada un par de veces. Aprendí como poner límites con amor al mirarla hacerlo con sus cachorros. Cuidaba a mis cachorros como si fueran suyos. Corría como una pantera en el bosque, siempre regresaba con lo que parecía una sonrisa, parecía apurarnos, como que no entendía porque éramos tan lentos. Una vez, todavía era cachorrita, se perdió... yo lloraba mirando por la ventana, Carlos pegaba tantos carteles como lágrimas escurrían por mis ojos, llamaron a la única estación de radio en Valle, un hombre la había encontrado. Nos encontramos con él afuera de la estación, trepamos a la camioneta, a mi izquierda Carlos, a mi derecha el desconocido que empezó a contarnos de sus días en la "sombra" y cómo no quería tener líos, por eso nos la devolvía...
Mi vecino, que odiaba a los perros, decía que a Ganja sólo le faltaba hablar, eso porque así como era de inquieta, era increíble la suavidad con la que se comportaba cuando había bebés, y él tenía triates. Le fascinaba ver cómo era amable con sus hijos, les tenía más paciencia que su mujer.
Así fue la vida de mi perra, mi "primogénita", como me gusta llamarla. Se había sentido mal, tenía displacia de cadera, lo cual era una desgracia para un animal tan dinámico. Había que operarla, cortarle la cabeza del fémur para que ya no sufriera dolor, en medio de la cirugía llamó el veterinario, malas, muy malas noticias, tenía cáncer en los huesos... su muerte era segura y sería una muerte terrible, lo mejor era dormirla. Regresó a casa, triste, como si supiera lo que iba a pasar. Mis hijos bien pequeñitos, les explicamos lo que pasaba, se acostaron junto a ella en el suelo a darle besos y caricias y decirle adiós. Por la mañana compré una "cuna de moisés" bien grande, muy floreada. Llevamos a Ganja a nuestro terreno. El veterinario me explicó el procedimiento, lo que iba a hacerle para que no tuviera dolor. Yo le expliqué a Ganja, le tomé la cara entre mis manos y la miré a los ojos todo el tiempo, le di las gracias por tantos años de alegría y aprendizaje, y la vida se le escapó delante de mis ojos, poco a poco sus ojos fueron quedando vacíos, hasta cerrarse en un sueño sin retorno. La enterramos, junto con su hueso de carnaza y una monedita que Martí le llevó para que "comprara dulces en el recreo" y encima sembramos la "cuna de moisés".
Pasaron un par de semanas, yo lloraba, en medio de la clase de yoga, en el bosque, en el terreno... yo lloraba. Y una noche tuve un sueño, un sueño increíble, soñé que era un delfín. Le tomaba su cara otra vez entre las manos, ella sonreía en su nuevo cuerpo de delfín y se iba nadando mar adentro.
Alguien me dijo después que cuando ayudas a un animal a morir con compasión estos reencarnan en seres más evolucionados; no lo sé, pero si sé que a Ganja le habría encantado la idea de nadar sin parar en su siguiente vida. Fue entonces cuando dejé de llorar.

martes, 21 de mayo de 2013

"Silencio, mujer pariendo, bebé naciendo".



Estamos en la semana mundial por un parto respetado y eso me inspira a comentar algunas otras cosas acerca de mis partos.
Yo tenía claro que no quería parir en un hospital. Así que el 22 de Enero de 1996 estaba yo sentándome por primera vez en el consultorio de la ginecóloga que le escuché mencionar a un maestro de psicoterapia reichinana (español) que practicaba partos en casa. "Quiero tener a mi bebé en mi casa" le dije, "¿Cuántas semanas de embarazo tienes?" me preguntó, "No estoy embarazada todavía", fue mi respuesta ante la cuál la Dra. puso cara de esta chava está loca... jajaja. "Vamos por partes, primero te embarazas y luego vemos donde vas a parir".
Pero a los tres meses meses de esto estaba embarazada y exactamente el 22 de Enero de 1997 parí a mi hijo Santiago en el departamento que amorosamente nos prestó un amigo en el D.F. Ahí fue donde echamos nido Carlos y yo para que nuestro primer bebé llegara al mundo en un ambiente cálido, con la luz natural del día, con el olor de nuestra piel, con las sonrisas de todos los que estuvieron presentes.
Le dije a muy pocas personas donde nacería nuestro hijo, y a las pocas personas que se los dije se les pararon los pelos de punta, excepto a mis padres. Pero mis amigas me contaban historias de terror para hacerme desistir de tal "locura". Yo sé que lo menos que pensaban de mi es que era una absoluta irresponsable. Pero la verdad es que yo quería un parto sin violencia para mi y para mi bebé. Ya les conté que yo vine al mundo en condiciones nada amables. Y me sentía muy segura con esta ginecóloga, ahí estaba una doula (acompañante del parto) que nos acompañó y guió todo el tiempo. Ahí estaba la pediatra neonatóloga para recibir al bebé. Ahí estaba una ambulancia estacionada en la puerta para cualquier emergencia. Ahí estaba mi amiga Raquel filmando el parto. Y sobretodo, ahí estaba Carlos, bailando conmigo, abrazándome, ayudandome a pujar, participando en todo momento del día más importante de nuestras vidas.  Puede ser que me arrepienta de algunas cosas, pero de haber tenido este parto así, jamás. 
Aquel miércoles de Enero, comenzaron las contracciones a las 7 de la mañana, para las 9 eran muy regulares, en ese momento llamamos a todos, Carlos se fue al banco, yo me dormí una siesta (si, con todo y contracciones). A las 11 la cosa se puso buena, contracciones más intensas, a respirar  se ha dicho. A la 1 estaba comenzando a pujar. ¡Ah! los años bailando me habían endurecido el periné y mi chamaco era un cabezón como su madre. Pujamos un par de horas. A las 3:30 estaba en mi regazo, lo sosteníamos juntos Carlos y yo en medio de risas y lágrimas, la habitación se llenó de luz. Todos tan felices, ¡era una fiesta! A las 5 de la tarde solos los tres en nuestro nido de la colonia Mixcoac, éramos una familia completa.
Nunca me he sentido más plena, más mujer y más poderosa que ese día.
En Mayo del año siguiente estábamos recibiendo a Martí, ahí mismo. Pero esa historia merece detallarse en otra ocasión. Sólo les comparto, fue muy distinto, pero igual de bello. Santiago vio nacer a su hermano y eso los unió en una forma única. Se aman profundamente aunque sean completamente distintos, tan distintos como su arribo al mundo.
Y nunca dejaré de preguntarme ¿por que hay tantas mujeres que prefieren programarse cesáreas, que dizque para "que no les duela"? ¿cómo pueden preferir una cirugía mayor a un proceso para el cuál nuestro cuerpo fue diseñado? ¿Cómo puede haber tantos médicos sin escrúpulos que promueven este tipo de creencias? Las cesáreas son una bendición en el caso de ser realmente necesarias. Bajo condiciones muy específicas, pero el índice de cesáreas en México es completamente absurdo.
El proceso mediante el cuál se le ha hecho creer a la mujer que parir es una "condición médica" y no la culminación de un proceso natural que ha sucedido desde siempre, es muy largo para explicarlo aquí, sin embargo voy a citar sólo como ejemplo, un pequeño párrafo del libro Mamatoto. La celebración del nacimiento. Editado por The Body Shop hace unos 17 años.

"Fue el tocólogo de la reina de Francia quien, en 1738, introdujo por primera vez la práctica de colocar a la mujer sobre la espalda durante el parto. La parturienta ya no pudo ver emerger a su hijo  nunca más y tuvo que empujar en contra de la gravedad, pero así era más conveniente para el médico. Poco tiempo después, los médicos masculinos diseñaron instrumentos metálicos para sacar al bebé estirando y, mientras la ciencia progresaba, los doctores introdujeron los fármacos en la sala de partos. Drogadas, las mujeres tienen con frecuencia dificultad para sintonizar con su cuerpo y empujar al niño durante el parto, lo que las hace incluso más dependientes del médico".



Espero de todo corazón que las mujeres recuperen su soberanía en este terreno, que los papás se involucren en el proceso de nacimiento de sus hijos y participen activamente en su crianza. Que los tiempos del siglo XXI traigan familias amorosas, unidas, sin violencia alguna.
Creo sin lugar a dudas, que eso contribuye a crear un mundo de paz y armonía.


viernes, 10 de mayo de 2013

En tu mirada me veo, en tu mirada existo

Dicen que nací "muerta". Que tuvieron que hacerme maniobras de resucitación. Soy la cuarta de cuatro hermanos, el tercero murió al nacer. Eso tuvo a mi mamá muy nerviosa durante toda mi gestación, realmente deseaba que yo naciera viva. Y, pues parece ser que tuvimos el gusto de conocernos hasta el día siguiente, pues ella estuvo sedada durante el parto. Es una forma muy triste para una mamá que ansiaba tener a su bebé sano y salvo en sus brazos y para una bebé que tuvo un difícil arribo a este plano de existencia.
Yo a veces me vivo como "ausente". Puedo caminar entre la gente, y observo con curiosidad a esa "persona" que soy "yo", en medio de esa muchedumbre. Me vivo a veces como un fantasma, que pasea entre diferentes mundos, conoce los secretos de todos, pero no pertenece a nada ni a nadie.
Trabajar con mi cuerpo me ayuda a encarnarme. Mirar a los otros a los ojos, practicar reconocerme en el otro y reconocer al otro en mi, me ayuda a encarnarme. 
Puede parecer extraño para muchas personas lo que hoy comparto, pero es así. A veces es todo un esfuerzo permanecer presente. Por eso, casi nunca, me gustan las multitudes, porque es tan fácil diluirme en ellas. Tan fácil empezar a deambular como fantasma. En cambio me gustan las amistades cercanas, una o dos amigas con quienes platicar, reír, compartir. Sus miradas, sus risas, sus lágrimas, me   arraigan, me dan volumen. Una charla, un baile, un abrazo con un amigo. Me gusta más así, en "petit comité". A través de mi práctica como psicoterapeuta me conecto y me siento viva. Practicar la compasión, leer a las personas, me conecta con mis emociones, con mi cuerpo, con el latido de mi corazón. Bailar también me hace sentir viva. Parir a mis hijos... bueno, esa fue una experiencia de renacimiento para mi. Vivir partos conscientes, fluidos, armoniosos, llenos de amor, en mi casa, en mi cama, en los brazos de mi pareja, con toda la certeza de que la vida me sostiene, eso ha sido, lo más sanador que haya podido vivir jamás. Una reparación total de la experiencia que yo no tuve al nacer.
Mis hijos en mis brazos desde el momento mismo de su primer aliento, sus ojos en los míos, nuestras lagrimas fundidas en ese instante de gozo y alegría absolutas. Nunca me he sentido más viva que entonces.
Un bebé nace con muchos de sus sistemas completos, listos para funcionar y otros  necesitan la interacción con otro ser humano para completarse. Sentir la piel de la mamá, olerla, empezar con el instinto de mamar, son las cosas que nos permiten comenzar el proceso de "existir". Nuestros sistemas están formando una súper carretera de información que va de ida y vuelta. Terminar de "formarnos" es un proceso social. Los sistemas límbicos se conectan a través de esa mirada de amor. En tu mirada me veo, en tu mirada existo. A través de tu latido me autorregulo.
"Fisiológicamente, el bebé humano, aún forma parte, en gran medida, del cuerpo de su madre. Depende de su leche para alimentarse, para regular su ritmo cardiaco y su presión arterial, y para proveerle protección inmunológica. Su actividad muscular es regulada por su tacto, así como el crecimiento de niveles hormonales. El cuerpo de la madre lo mantiene caliente y ella dispersa sus hormonas de estrés a través de su tacto y de amamantarlo. Esta regulación básica fisiológica mantiene al bebé vivo."(Gerhardt, Sue. 2004)
Santi el día que nació.

 Una mamá conectada con sus emociones estará en mejores condiciones de conectarse con las de su bebé cuando este nazca. El adulto es ese espejo en el que el bebé necesita mirarse una y otra vez para reconocerse. Es importante que comprendamos que el proceso de vínculo entre la madre y su bebé es de vital importancia ya que determinará en la vida futura de este bebé, la clase de vínculos que formará con otras personas.

"¿Cómo será parirte? ¿cómo será parirnos? Tenerte dentro de mi cuerpo, que ya no es el mismo, los cambios de mi cuerpo que también cambian mi mente. Me he cuestionado todo. Cuántas veces he usado la expresión de parirme a mí misma, de gestarme, la crisálida. Nunca pensé que al concebir y parir a un nuevo ser, lograría concebirme y parirme como otro nuevo ser también."

En plena gestación y "auto-gestación"



viernes, 3 de mayo de 2013

Resiliencia: eso que nos permite reinventarnos.

Debo haber tenido unos diez años, cuando mi maestra de ballet, Carlota, nos contó una historia que me marcó para siempre.  Carlota había bailado en el cuerpo de baile con la legendaria (ya desde entonces) Alicia Alonso, de hecho así se llamaba el salón de clases en el que entrenábamos. Así que la Alonso era así como una semidiosa de la danza. "Hubo una vez, un fuerte tornado en La Habana, el aire huracanado soplaba con fuerza, todos estaban escondidos en su refugio, pero Champagne, la perrita de Alicia había escapado y ella corrió a los jardines a rescatarla cuando por desgracia la rama de un árbol le golpeó en la cabeza. Sus retinas se desprendieron, tuvo que ser operada. Cuentan que en la cama del hospital, vendada de los ojos, sin saber si algún día podría volver a ver, ella pedía que le pusieran la música de Giselle y la bailaba con los dedos de su mano. Alicia perdió casi toda la vista. Pero nunca dejó de bailar, a pesar de su ceguera".



Yo, francamente no sé, si esta sea la verdadera historia de como Alicia Alonso quedo ciega. La verdad no me importa. El hecho es que esta historia me impactó y me sigue impactando, porque para mi es el mejor ejemplo de lo que ahora llamamos resiliencia.




El término de resiliencia se toma del ámbito de la metalurgia y la ingeniería civil que describe la capacidad de algunos materiales para recuperar su forma después de haber sido sometidos a altas presiones. De tal forma que, las personas resilientes son aquellas que logran resurgir, adaptarse, recuperarse de circunstancias o eventos difíciles, a veces traumáticos, de la vida. Se mantiene un espíritu de sobrevivencia, ó de preservación de la integridad frente a estas graves dificultades.
Creo que es una capacidad que tenemos que apreciar y cultivar. Es algo que necesitamos enseñar a nuestros niños.
Cuando daba clases de ballet, me gustaba hacerles ver tanto a las alumnas, como a sus padres, que la enseñanza más valiosa que podía darles el ballet era la conciencia de que había objetivos que podían llevarnos muchos años. Contrario a esta cultura de la inmediatez, donde se consigue la información con un click, la comida es rápida, las relaciones son desechables, la terapia es "breve",  la "iluminación" es súbita... cuando estudias danza sabes que hay cosas que te va a llevar años lograr. Y aprendes a reponerte de un esguince, de una caída, de una mala función, de maestros que no te quieren, de maestros que si te quieren pero siempre te exigen, de audiciones en las que no quedaste. 
Y la vida es así, pasan cosas muy buenas y pasan cosas muy malas. Saber que todo es impermanente, tanto lo bueno como lo malo, te hace saber que puedes continuar tu camino, que puedes re-inventarte en cualquier momento. Que una mala racha no es el fin del mundo.
A veces veo a los chavitos adolescentes tan apáticos, sin poder soñar, es muy triste. A veces añoro que los padres de hoy les "lean" menos el pensamiento a sus hijos, les nieguen de vez en cuando un permiso o un videojuego. Les den a sus hijos oportunidades de luchar por lo que quieren, de fracasar y levantarse. Sólo así se aprende que nada es permanente, nada es para siempre. Sólo así se aprende a ser resiliente.

http://resilnet.uiuc.edu/library/resilman/resilman.html



Si les interesa este tema, pueden ampliarlo en este sitio: Manual de Identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes.

viernes, 26 de abril de 2013

¡Poooobre Bobby!

"Entonces me pusieron miles de arañitas venenosísimas en la boca..." decía Martí de 4 años para describir las 35 puntadas que le dieron en la cirugía reconstructiva de boca, aquella vez que lo mordió un perro en Valle de Bravo.
Me conmueve cuando lo pienso. Mis pequeños de 4 y 5 años víctimas del terror cuando el perro del vecino de los abuelos atacó a Martí. Santiago, el mayor, corrió a avisarles lo sucedido a sus abuelos y mis pobres padres corrieron con el niño ensangrentado al hospital más cercano, un pequeño centro de salud, donde milagrosamente apareció un cirujano maxilo-facial. Transcurrieron las 3 horas de la cirugía con el Papá tomándole la mano y cantando las canciones con las que siempre los arrullábamos. Yo estaba en Metepec trabajando y totalmente ajena a la tragedia. Cuando finalmente recibí la llamada de Carlos, "no te asustes pero..." claro que ya era tarde, ya estaba asustada. Recuerdo que llamé inmediatamente a Isabel, su pediatra, para contarle lo sucedido, pedirle asesoría, también llamé a mi ginecóloga, ¿que chochitos le doy, cuáles me tomo yo (quería funcionar y estar disponible para lo que hiciera falta cuando llegaran), qué le doy a toda la familia? las horas de espera fueron largas, yo hacía llamadas, averiguaba con una amiga si el perro tenía vacunas, en fin, trataba de tener la cabeza "funcionando". Ahora mientras lo escribo revivo la angustia, el miedo, la sorpresa, ¿de verdad pasó esto? Y llegaron. Abracé a mi niño, que venía como en shock, ¿qué te pasó Martí? ¿me quieres contar? no, no quería, nomás quería ver "Monsters Inc" esa película infantil que trata de monstruos que no asustan y se vuelven amigos de una nena. Santiago venía dormido y no despertó hasta el día siguiente. Mis papás tristes, asustados, desencajados. Mi Carlos se dejó caer en mis brazos y por fin lloró y lloró, todas las lágrimas que tuvo que contener para sostener la mano de Martí, para darle tanta confianza, que en medio de esa cirugía se quedó completamente dormido y relajado. Y luego Martí pidió ver su escena favorita de Star Wars, una en la que su héroe, Anakin Skywalker, lucha contra los monstruos y los derrota. Y durante un mes miramos juntos esa escena una y otra vez y luego la actuábamos con sus muñecos y corríamos y jugábamos a las atrapadas. Mientras tanto Santiago regresaba cada día de la escuela con un dibujo que había pintado para Martí, en cada uno de esos dibujos el "Bobby" (así se llamaba el perro) moría, a veces por la erupción de un volcán, a veces en las garras de un animal más grande y feroz, como un T-rex. Era su manera de defender al hermano, como no pudo hacerlo en la realidad, puesto que él mismo era un niño pequeño.
Hoy el Dr. Daniel Siegel, a quien por supuesto sigo en facebook, publicó algo que me hizo recordar este evento, me tomaré la libertad de citarlo aquí:

Los padres saben que tan poderoso puede ser el contar cuentos cuando se trata de distraer a sus niños o calmarlos, pero lo que la mayor parte de la gente no concientiza es la ciencia que hay detrás de esta poderosa fuerza. El hemisferio derecho de nuestro cerebro procesa nuestras emociones y los recuerdos autobiográficos, pero el hemisferio izquierdo es el que logra armar un sentido de estas emociones y estos recuerdos. La sanación  de las experiencias difíciles surge cuando el hemisferio izquierdo trabaja en conexión con el derecho para contar las historias de nuestras vidas.
Cuando los niños aprenden a poner atención y a compartir sus propias historias ellos pueden responder en formas saludables a todo, desde un raspón en el codo hasta una pérdida mayor o un trauma.

En casa hablamos del incidente desde el primer día, recuerdo que como al tercer día fui sola a comer con Santiago y le pedí que me contara lo que había pasado, y después de escucharlo con atención le dije: ¡uy! que miedo ¿verdad? a mi habría dado mucho miedo eso, ¡que bueno que corriste con los abuelos! ¡qué bien que hiciste eso! sino te habría mordido a ti también, porque tú sólo eres un niño pequeño, lo que hiciste fue lo mejor y estoy muy feliz que el perro no te mordiera a ti también. Y en ese momento me brincó encima y se puso a llorar, lo que no había llorado y sentí como se aliviaba su culpa.
Unos cuantos meses atrás Ron Kurtz nos había dado una hermosa plática que se llamaba "Lo que los niños necesitan", y tenía muy presente lo que dijo, los niños necesitan un adulto calmado, presente que les den las explicaciones que ellos necesitan para entender. En otras palabras, es esto de lo que habla el Dr. Siegel, esta conexión entre hemisferios que nos ayuda a darle sentido a lo que sucede. Así que después era evidente como ellos a su vez, daban sentido a lo sucedido con su propia narrativa, haciendo dibujos, representando escenas o describiendo las puntadas como "miles de arañitas venenosísimas".
Y ninguno de mis niños tiene miedo a los perros. Cuando un par de años después, supimos que le habían dado muerte al perro porque había mordido a otro niño, el comentario de Martí fue: "Poooobre Bobby". 

jueves, 25 de abril de 2013

Una vez más... el inicio

Voy caminando y pienso, aquí voy otra vez, vamos a ponernos en forma... otra vez. Pienso en todas las veces que he tenido que volver a empezar, en todos los "inicios", cuántas veces he renacido. Si alguien viera una selección de fotos de mi en los últimos 10 años o 12 años, nunca podría adivinar la secuencia de edades. Por que las metamorfosis y camuflajes han sido espectaculares. Quizás por que todo ese movimiento ha habido en mis procesos de vida.  Lo que si me queda claro es que mi cuerpo tiene tanta plasticidad y es tan sensible que logra transformarse cada vez de acuerdo a las exigencias del momento.
Parece ser que ha sido mi mejor "ajuste creativo", como dicen los gestaltistas, no un ajuste que me guste, para ser franca, pero agradezco que la adaptación de mi cuerpo a los embates de la vida ha sido por ahí. Y así voy y vengo con el peso, voy y vengo. Y mi clóset tiene ropa de todas las tallas. Un "abanico amplio de posibilidades". 
Esta última transformación ha sido muy reveladora. Hace un año pesaba casi 20 kilos menos. Estaba en un momento de mucha plenitud en mi vida. Y un día de Junio, no me pude levantar de la cama. Me sentía completamente agotada. Varios estudios de laboratorio y visitas al doctor después tuve mi diagnóstico: Síndrome de Fatiga Crónica. Tengo la mala costumbre de no confiar mucho en la medicina alópata, así que empecé un largo peregrinar por médicos alternativos que tampoco me convencían. Me morí de la risa el día que vi a una mujer que me dio Flores de Bach cuando leí la descripción que el Dr. Bach hace de la personalidad de ese remedio, que dice entre otras cosas: "Incluso en la enfermedad dirigen su propio tratamiento", ¡Uf! pues así o ¿¡más claro!?
Cuando por fin di con una doctora especialista en la fatiga crónica, practica algo que se llama Medicina Funcional, que en pocas palabras quiere decir que utiliza lo mejor de la alopatía y lo mejor de la medicina alternativa. Me gustó su enfoque y sobre todo me dio claridad acerca de mi condición, me explicó con toda paciencia el desbalance hormonal que provoca este síndrome. Les voy a explicar brevemente, porque creo que es un asunto poco conocido todavía y se confunde, por sus síntomas con otras cosas. Las glándulas suprarrenales producen las hormonas adrenalina y cortisol, entre otras cosas. Ambas hormonas nos ayudan a lidiar con el estrés de la vida diaria y son como un combustible que nos permite funcionar. A veces, las glándulas suprarrenales se "agotan" pues dejan de producir cortisol, o lo producen a horas inconvenientes o en cantidades poco funcionales. Yo casi no producía cortisol. Me hicieron un estudio, muy simpático que consiste en juntar tu saliva en unos tubos a determinadas horas del día y así es como miden tu producción de cortisol, que en teoría deberíamos tener una mayor producción por las mañanas e ir declinándose esta producción hacia la noche. Y, pues yo tenía por debajo del nivel bajo el cortisol. Ya no era de extrañar que simplemente no pudiese salir de la cama.
Y bueno, como somos sistémicos, pues la tiroides hace ajustes, las glándulas sexuales también, y todo el organismo se pone un poco en alerta, "algo pasa aquí" dicen todos los órganos.
Y leí por ahí que el veganismo era bueno para recuperarse de la fatiga y me hice vegana de un día al otro. Cero proteína animal. Comencé a tomar cursos de cocina vegana y crudívora. Fui con un chamán que me hizo una sanación. Tomé masajes. Flores de Bach. Por supuesto mi proceso de psicoterapia... En fin, creo que hacía todo y más. Hasta que la verdad, un viernes por la mañana, Virgilio, mi asistente y amigo, me dijo la frase mágica, muy hakomita por supuesto, "parece que te estás esforzando mucho para salir de la fatiga". ¡Plop! Ahí entendí todo, pues si, para mi parar es inconcebible, es morir. ¿Y si me dejo "morir"? pues si ya sé que mi tótem son las mariposas, pues si ya sé que yo he muerto y renacido 7 mil veces en esta y otras vidas. ¿A que le tienes miedo? ¿te estás apegando al gozo y el florecimiento del año pasado? pues si nada es permanente, pues si toda flor que florece muere, para florecer de nuevo en su siguiente ciclo. Y ahí nomás me rendí. No di más clases, no vi pacientes, no nada. Vamos a rendirnos a este agotamiento y ver de que se trata esto. ¿Qué tengo que aprender aquí?
Y seguí comiendo en forma vegana, cocinando, amando a mis hijos, a mi pareja. Y meditando. La atención plena nunca me deja. Y un día casi tuve un atisbo de lo que significa aceptarse uno, de dejar la lucha frenética para ser vista o reconocida, de lo que la frase "nunca es suficiente" ha sido un leit motiv en mi vida. Un atisbo. Suficiente para soltar. Suficiente para que empezara mi cuerpo a sanar. 
Esta semana empecé a moverme de nuevo, el lunes pasado tuve mi primer clase de yoga después de casi un año. De verdad pude sentir como si fuera un bloque de piedra al que iba esculpiendo con el cincel de las "asanas" mi cuerpo. Toda esa grasa acumulada para cuidarme, para protegerme. Y ahora ya puedo soltar, desde este mero atisbo de amor a mi misma, de reconocimiento de mi para mi, de empezar a mirarme yo misma con compasión. 
He tenido muchos reinicios, este sin embargo, es diferente. Esta vez estoy siendo amable conmigo, esa vez siento un enorme respeto por esa capacidad de adaptación que tiene mi cuerpo. Esta vez elijo colocarme de nuevo en la vida, sabiendo que tengo un lugar en ella, a pesar de todo.
Y así, con eso en la mente, hoy comencé a caminar otra vez, con mi Ipod, rodeada de árboles, imaginando danzas con el bosque. Esto es lo que quiero compartirles hoy. Que estoy viva y de regreso de mi período de muchos meses de incubación, algo bueno se ha estado gestando.

Este poema vino a mis mente:


Passing Time 
by Maya Angelou

Your skin like dawn
Mine like musk

One paints the beginning
of a certain end.

The other, the end of a
sure beginning. 


Parte del "soundtrack" de la caminata esta mañana: