martes, 21 de mayo de 2013

"Silencio, mujer pariendo, bebé naciendo".



Estamos en la semana mundial por un parto respetado y eso me inspira a comentar algunas otras cosas acerca de mis partos.
Yo tenía claro que no quería parir en un hospital. Así que el 22 de Enero de 1996 estaba yo sentándome por primera vez en el consultorio de la ginecóloga que le escuché mencionar a un maestro de psicoterapia reichinana (español) que practicaba partos en casa. "Quiero tener a mi bebé en mi casa" le dije, "¿Cuántas semanas de embarazo tienes?" me preguntó, "No estoy embarazada todavía", fue mi respuesta ante la cuál la Dra. puso cara de esta chava está loca... jajaja. "Vamos por partes, primero te embarazas y luego vemos donde vas a parir".
Pero a los tres meses meses de esto estaba embarazada y exactamente el 22 de Enero de 1997 parí a mi hijo Santiago en el departamento que amorosamente nos prestó un amigo en el D.F. Ahí fue donde echamos nido Carlos y yo para que nuestro primer bebé llegara al mundo en un ambiente cálido, con la luz natural del día, con el olor de nuestra piel, con las sonrisas de todos los que estuvieron presentes.
Le dije a muy pocas personas donde nacería nuestro hijo, y a las pocas personas que se los dije se les pararon los pelos de punta, excepto a mis padres. Pero mis amigas me contaban historias de terror para hacerme desistir de tal "locura". Yo sé que lo menos que pensaban de mi es que era una absoluta irresponsable. Pero la verdad es que yo quería un parto sin violencia para mi y para mi bebé. Ya les conté que yo vine al mundo en condiciones nada amables. Y me sentía muy segura con esta ginecóloga, ahí estaba una doula (acompañante del parto) que nos acompañó y guió todo el tiempo. Ahí estaba la pediatra neonatóloga para recibir al bebé. Ahí estaba una ambulancia estacionada en la puerta para cualquier emergencia. Ahí estaba mi amiga Raquel filmando el parto. Y sobretodo, ahí estaba Carlos, bailando conmigo, abrazándome, ayudandome a pujar, participando en todo momento del día más importante de nuestras vidas.  Puede ser que me arrepienta de algunas cosas, pero de haber tenido este parto así, jamás. 
Aquel miércoles de Enero, comenzaron las contracciones a las 7 de la mañana, para las 9 eran muy regulares, en ese momento llamamos a todos, Carlos se fue al banco, yo me dormí una siesta (si, con todo y contracciones). A las 11 la cosa se puso buena, contracciones más intensas, a respirar  se ha dicho. A la 1 estaba comenzando a pujar. ¡Ah! los años bailando me habían endurecido el periné y mi chamaco era un cabezón como su madre. Pujamos un par de horas. A las 3:30 estaba en mi regazo, lo sosteníamos juntos Carlos y yo en medio de risas y lágrimas, la habitación se llenó de luz. Todos tan felices, ¡era una fiesta! A las 5 de la tarde solos los tres en nuestro nido de la colonia Mixcoac, éramos una familia completa.
Nunca me he sentido más plena, más mujer y más poderosa que ese día.
En Mayo del año siguiente estábamos recibiendo a Martí, ahí mismo. Pero esa historia merece detallarse en otra ocasión. Sólo les comparto, fue muy distinto, pero igual de bello. Santiago vio nacer a su hermano y eso los unió en una forma única. Se aman profundamente aunque sean completamente distintos, tan distintos como su arribo al mundo.
Y nunca dejaré de preguntarme ¿por que hay tantas mujeres que prefieren programarse cesáreas, que dizque para "que no les duela"? ¿cómo pueden preferir una cirugía mayor a un proceso para el cuál nuestro cuerpo fue diseñado? ¿Cómo puede haber tantos médicos sin escrúpulos que promueven este tipo de creencias? Las cesáreas son una bendición en el caso de ser realmente necesarias. Bajo condiciones muy específicas, pero el índice de cesáreas en México es completamente absurdo.
El proceso mediante el cuál se le ha hecho creer a la mujer que parir es una "condición médica" y no la culminación de un proceso natural que ha sucedido desde siempre, es muy largo para explicarlo aquí, sin embargo voy a citar sólo como ejemplo, un pequeño párrafo del libro Mamatoto. La celebración del nacimiento. Editado por The Body Shop hace unos 17 años.

"Fue el tocólogo de la reina de Francia quien, en 1738, introdujo por primera vez la práctica de colocar a la mujer sobre la espalda durante el parto. La parturienta ya no pudo ver emerger a su hijo  nunca más y tuvo que empujar en contra de la gravedad, pero así era más conveniente para el médico. Poco tiempo después, los médicos masculinos diseñaron instrumentos metálicos para sacar al bebé estirando y, mientras la ciencia progresaba, los doctores introdujeron los fármacos en la sala de partos. Drogadas, las mujeres tienen con frecuencia dificultad para sintonizar con su cuerpo y empujar al niño durante el parto, lo que las hace incluso más dependientes del médico".



Espero de todo corazón que las mujeres recuperen su soberanía en este terreno, que los papás se involucren en el proceso de nacimiento de sus hijos y participen activamente en su crianza. Que los tiempos del siglo XXI traigan familias amorosas, unidas, sin violencia alguna.
Creo sin lugar a dudas, que eso contribuye a crear un mundo de paz y armonía.


viernes, 10 de mayo de 2013

En tu mirada me veo, en tu mirada existo

Dicen que nací "muerta". Que tuvieron que hacerme maniobras de resucitación. Soy la cuarta de cuatro hermanos, el tercero murió al nacer. Eso tuvo a mi mamá muy nerviosa durante toda mi gestación, realmente deseaba que yo naciera viva. Y, pues parece ser que tuvimos el gusto de conocernos hasta el día siguiente, pues ella estuvo sedada durante el parto. Es una forma muy triste para una mamá que ansiaba tener a su bebé sano y salvo en sus brazos y para una bebé que tuvo un difícil arribo a este plano de existencia.
Yo a veces me vivo como "ausente". Puedo caminar entre la gente, y observo con curiosidad a esa "persona" que soy "yo", en medio de esa muchedumbre. Me vivo a veces como un fantasma, que pasea entre diferentes mundos, conoce los secretos de todos, pero no pertenece a nada ni a nadie.
Trabajar con mi cuerpo me ayuda a encarnarme. Mirar a los otros a los ojos, practicar reconocerme en el otro y reconocer al otro en mi, me ayuda a encarnarme. 
Puede parecer extraño para muchas personas lo que hoy comparto, pero es así. A veces es todo un esfuerzo permanecer presente. Por eso, casi nunca, me gustan las multitudes, porque es tan fácil diluirme en ellas. Tan fácil empezar a deambular como fantasma. En cambio me gustan las amistades cercanas, una o dos amigas con quienes platicar, reír, compartir. Sus miradas, sus risas, sus lágrimas, me   arraigan, me dan volumen. Una charla, un baile, un abrazo con un amigo. Me gusta más así, en "petit comité". A través de mi práctica como psicoterapeuta me conecto y me siento viva. Practicar la compasión, leer a las personas, me conecta con mis emociones, con mi cuerpo, con el latido de mi corazón. Bailar también me hace sentir viva. Parir a mis hijos... bueno, esa fue una experiencia de renacimiento para mi. Vivir partos conscientes, fluidos, armoniosos, llenos de amor, en mi casa, en mi cama, en los brazos de mi pareja, con toda la certeza de que la vida me sostiene, eso ha sido, lo más sanador que haya podido vivir jamás. Una reparación total de la experiencia que yo no tuve al nacer.
Mis hijos en mis brazos desde el momento mismo de su primer aliento, sus ojos en los míos, nuestras lagrimas fundidas en ese instante de gozo y alegría absolutas. Nunca me he sentido más viva que entonces.
Un bebé nace con muchos de sus sistemas completos, listos para funcionar y otros  necesitan la interacción con otro ser humano para completarse. Sentir la piel de la mamá, olerla, empezar con el instinto de mamar, son las cosas que nos permiten comenzar el proceso de "existir". Nuestros sistemas están formando una súper carretera de información que va de ida y vuelta. Terminar de "formarnos" es un proceso social. Los sistemas límbicos se conectan a través de esa mirada de amor. En tu mirada me veo, en tu mirada existo. A través de tu latido me autorregulo.
"Fisiológicamente, el bebé humano, aún forma parte, en gran medida, del cuerpo de su madre. Depende de su leche para alimentarse, para regular su ritmo cardiaco y su presión arterial, y para proveerle protección inmunológica. Su actividad muscular es regulada por su tacto, así como el crecimiento de niveles hormonales. El cuerpo de la madre lo mantiene caliente y ella dispersa sus hormonas de estrés a través de su tacto y de amamantarlo. Esta regulación básica fisiológica mantiene al bebé vivo."(Gerhardt, Sue. 2004)
Santi el día que nació.

 Una mamá conectada con sus emociones estará en mejores condiciones de conectarse con las de su bebé cuando este nazca. El adulto es ese espejo en el que el bebé necesita mirarse una y otra vez para reconocerse. Es importante que comprendamos que el proceso de vínculo entre la madre y su bebé es de vital importancia ya que determinará en la vida futura de este bebé, la clase de vínculos que formará con otras personas.

"¿Cómo será parirte? ¿cómo será parirnos? Tenerte dentro de mi cuerpo, que ya no es el mismo, los cambios de mi cuerpo que también cambian mi mente. Me he cuestionado todo. Cuántas veces he usado la expresión de parirme a mí misma, de gestarme, la crisálida. Nunca pensé que al concebir y parir a un nuevo ser, lograría concebirme y parirme como otro nuevo ser también."

En plena gestación y "auto-gestación"



viernes, 3 de mayo de 2013

Resiliencia: eso que nos permite reinventarnos.

Debo haber tenido unos diez años, cuando mi maestra de ballet, Carlota, nos contó una historia que me marcó para siempre.  Carlota había bailado en el cuerpo de baile con la legendaria (ya desde entonces) Alicia Alonso, de hecho así se llamaba el salón de clases en el que entrenábamos. Así que la Alonso era así como una semidiosa de la danza. "Hubo una vez, un fuerte tornado en La Habana, el aire huracanado soplaba con fuerza, todos estaban escondidos en su refugio, pero Champagne, la perrita de Alicia había escapado y ella corrió a los jardines a rescatarla cuando por desgracia la rama de un árbol le golpeó en la cabeza. Sus retinas se desprendieron, tuvo que ser operada. Cuentan que en la cama del hospital, vendada de los ojos, sin saber si algún día podría volver a ver, ella pedía que le pusieran la música de Giselle y la bailaba con los dedos de su mano. Alicia perdió casi toda la vista. Pero nunca dejó de bailar, a pesar de su ceguera".



Yo, francamente no sé, si esta sea la verdadera historia de como Alicia Alonso quedo ciega. La verdad no me importa. El hecho es que esta historia me impactó y me sigue impactando, porque para mi es el mejor ejemplo de lo que ahora llamamos resiliencia.




El término de resiliencia se toma del ámbito de la metalurgia y la ingeniería civil que describe la capacidad de algunos materiales para recuperar su forma después de haber sido sometidos a altas presiones. De tal forma que, las personas resilientes son aquellas que logran resurgir, adaptarse, recuperarse de circunstancias o eventos difíciles, a veces traumáticos, de la vida. Se mantiene un espíritu de sobrevivencia, ó de preservación de la integridad frente a estas graves dificultades.
Creo que es una capacidad que tenemos que apreciar y cultivar. Es algo que necesitamos enseñar a nuestros niños.
Cuando daba clases de ballet, me gustaba hacerles ver tanto a las alumnas, como a sus padres, que la enseñanza más valiosa que podía darles el ballet era la conciencia de que había objetivos que podían llevarnos muchos años. Contrario a esta cultura de la inmediatez, donde se consigue la información con un click, la comida es rápida, las relaciones son desechables, la terapia es "breve",  la "iluminación" es súbita... cuando estudias danza sabes que hay cosas que te va a llevar años lograr. Y aprendes a reponerte de un esguince, de una caída, de una mala función, de maestros que no te quieren, de maestros que si te quieren pero siempre te exigen, de audiciones en las que no quedaste. 
Y la vida es así, pasan cosas muy buenas y pasan cosas muy malas. Saber que todo es impermanente, tanto lo bueno como lo malo, te hace saber que puedes continuar tu camino, que puedes re-inventarte en cualquier momento. Que una mala racha no es el fin del mundo.
A veces veo a los chavitos adolescentes tan apáticos, sin poder soñar, es muy triste. A veces añoro que los padres de hoy les "lean" menos el pensamiento a sus hijos, les nieguen de vez en cuando un permiso o un videojuego. Les den a sus hijos oportunidades de luchar por lo que quieren, de fracasar y levantarse. Sólo así se aprende que nada es permanente, nada es para siempre. Sólo así se aprende a ser resiliente.

http://resilnet.uiuc.edu/library/resilman/resilman.html



Si les interesa este tema, pueden ampliarlo en este sitio: Manual de Identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes.