miércoles, 24 de abril de 2013

La clave es integrar

Una pelea constante. Si soy sensible entonces no puedo ser inteligente. Si soy inteligente me desconecto de mis emociones. Me gana el corazón. Tengo que "enfriarme" pensar con la cabeza. Qué lucha tan agotadora. 
Hace unos años tuve la oportunidad de ir a Boulder, Co. para hacer un entrenamiento en un modelo de trabajo grupal. De alguna manera, el estar en otro país, rodeada de gente que no conocía y que quizás nunca volvería a ver, me permitió rendirme por completo a mi vulnerabilidad. Y cuánto lloré... lloraba y lloraba. Y sucedió algo tan extraordinario, nadie dejaba de notar que sabía cosas, tenía preparación, articulaba ideas, pero era tan apreciada por sentir. Mi corazón era visto, recibido y apreciado. Y dejé de pelear. Yo misma comencé a apreciar ese enorme corazón que tengo, que me facilita  empatizar profundamente, que me hace capaz de una gran compasión. 
Cuanto miedo podemos sentir al mostrar nuestro corazón. No es fácil entregarlo y cuando nos arriesgamos y somos bien recibidos, el mundo es un lugar perfecto. Y cuando nos arriesgamos, y nos lo rompen un poco, sentimos que el mundo se acabó. Es como un deporte de alto riesgo ¿verdad?
Pero, cómo puedo crear un espacio seguro dentro de mi, algo que no supone estar a merced de la respuesta que recibo en el exterior. Otra vez aquí podemos hablar del gran recurso que es la atención plena. Aprender a crear este testigo de mi experiencia me permite observar mis emociones sin dejarme secuestrar por ellas. Las observo con curiosidad, con gentileza y con compasión. Sin ninguna expectativa, sin apego a los resultados. Simplemente acepto lo que sucede en este momento. Y aprendo lo mejor que puedo de eso. Observar el flujo de mis emociones me libera de esta sensación de que el dolor o el sufrimiento no acabarán jamás. Me hace consciente de lo efímero que es ese sentimiento de felicidad y eso me hace vivirlo con mayor plenitud. Esto es, mi mente, mi cuerpo y mi corazón en una misma danza, no peleando.
Todo es información y energía, todo el tiempo. La mente, según la neurobiología, es el regulador del flujo de la información y la energía, y por eso descansa sobre tres ejes: el cerebro, el cuerpo y las relaciones con los otros. Las relaciones que tenemos con los otros serán más satisfactorias en tanto nos permitamos entender esto, en tanto dejemos esta lucha entre mente y corazón. Las relaciones que tenemos con los otros describen la manera en la que compartimos la energía y la información. En realidad podemos aspirar a integrar más y más nuestro cerebro, y una de las formas más eficientes para lograrlo es la atención plena. Leí hoy por la mañana a Bonnie Badenoch, en su libro Being a brain- wise therapist: a practical guide to interpersonal Neurobiology , un párrafo que me conmovió, porque sentí descrita mi experiencia con la atención plena en él, trataré de traducirlo lo mejor posible: "Esto significó que mi cerebro ha sido formado para sentir los múltiples aspectos de mi mundo interno, mientras que mi cuerpo aprendió a sentir los cambios de una parte a otra, y mi corazón experimentó el poder integrador de ser empáticamente abrazada en medio del dolor y la tristeza". (Badenoch,B. 2008)
Pero no confundirse, no es que vamos a ser "inmunes" al dolor o que ya nunca nos van a romper el corazón. Ese riesgo siempre existe. Pero es que también podremos amar con entrega, ser amados de regreso y vivir realmente, con todo lo que esto implica.

Ahora que, nadie ha hablado acerca del poder de la vulnerabilidad mejor que Brene Brown. Aquí les dejo un link a su extraordinaria plática en TED. Si ya la han visto, ¿a poco no podría uno verla 100 veces? y si no la han visto, pues ¿qué esperan? aquí está:

http://youtu.be/HhZNXbP0vnk


Déjenme sus comentarios. ¿Cómo se llevan con su vulnerabilidad?

2 comentarios:

  1. Gracias por tu invitación Inés, lo visitaré con gusto. Un saludo!

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